Tras la situación de pandemia y las consecuencias económicas que ha desencadenado, las IT deben preguntarse qué hacen bien o mal para mantener la continuidad de su negocio, asegurar su subsistencia y encontrar el equilibrio perfecto de sus recursos tecnológicos. Lo que se ha conocido siempre como business continuity, y que es el gran desafío de los actuales departamentos de IT y digitales.

A veces, los eventos imprevistos traen a la luz la excelencia de las personas y, ante la incertidumbre económica, muchas organizaciones se ven forzadas a tomar decisiones muy difíciles en tiempo récord. Quizás por eso, los análisis indican que lo primero que se ha desatado a nivel global de esta crisis ha sido el análisis personalizado del impacto sobre el negocio (BIA, en siglas en inglés), una suerte de prueba ad hoc de riesgos que determina los posibles daños o amenazas contra las infraestructuras informáticas internas y en la nube.

El peligro tiene dos caras; posibles brechas que permitan acceder a datos corporativos, incluso de negocio y operativa, más las sanciones regulatorias correspondientes a una potencial filtración o fallo. Claramente, las dificultades operativas han aumentado en los últimos meses. A la incertidumbre económica general e interrupción de muchos negocios, se han sumado las barreras fronterizas y los estados de confinamiento de muchos países.

En general, puede decirse que las estructuras IT de empresas privadas y de sistemas públicos han aguantado bien y no se han producido catástrofes en las organizaciones, más allá de los lógicos momentos de estrés de las redes y aplicaciones de comunicación, con el aumento exponencial del teletrabajo y el acceso remoto a los recursos corporativos.

La gestión de la continuidad comercial ha sido un aspecto crucial, en especial para las empresas más grandes, con operaciones dispersas en todo el mundo y gran cantidad de datos comerciales críticos, así como circunstancias propias en cada mercado y país.

Pensemos en la industria del transporte o la logística, que no ha parado en ningún momento durante esta crisis, o que incluso han visto aumentadas sus operaciones por el despegue definitivo del consumo online. Teniendo que adaptarse a cada fase de desescalada en cada país, lidiando con bloqueos de fronteras o con suministros sanitarios urgentes.

Su papel ha sido clave para mantener la subsistencia de hogares y centros sanitarios, y han respondido con precisión. Ambos sectores han mostrado la eficacia de seguir un plan de actuación adecuado, que muy bien podría resumirse en cuatro pasos fundamentales para cualquier negocio; analizar la situación de daños para los sistemas y los datos, definir un plan a corto, medio y largo plazo para responder a futuras crisis, realizar un seguimiento del mismo y prestar especial atención a los señuelos COVID-19 que, como ha detectado el  informe DXC Global Threat Intelligence, el pasado mes de abril aumentaron en un 80% los ataques  globales con este engaño.

Pero en esta vuelta a la normalidad, las empresas van a tener que evolucionar su modelo de gestión IT, lo que va a causar repercusiones obvias en los recursos de seguridad y continuidad de los sistemas en cada momento, su reparto on-premise o en Cloud, los riesgos que entraña esta nueva etapa, las soluciones de respuesta y recuperación, o sus costes de mantenimiento, por citar los principales elementos de un completo análisis de business continuity que cualquier organización debe afrontar.

Y todo ello cruzado con una importante caída de la demanda y la necesidad de asegurar los datos y conexiones de los empleados online, para potenciar su productividad. En resumen, toda una prueba de estrés para los sistemas IT y los departamentos a su cargo, tanto ahora como de cara al futuro.