Tanto el sector público como privado necesita salir de su estancamiento actual y apostar por innovaciones como la inteligencia artificial, las ciudades y redes inteligentes, las plataformas digitales, la agricultura y medicina de precisión, la robótica o los sistemas avanzados de autenticación y seguridad. Esta es una de las principales conclusiones de un reciente informe de Leading Edge Forum que considera urgente dar un impulso definitivo a las ciudades del futuro, en aras de lograr un aumento de la productividad económica global.

Centrándose en sus beneficios, la mejora de productividad que las TIC proporcionan vendrá a traducirse en mejores salarios y nivel de vida de las personas, pero además reducirá la deuda externa de los países, paliará el progresivo envejecimiento de la población y liberará capital humano y otros recursos, para atender tareas sociales de todo tipo.

Así lo subrayan los autores de LEF que lamentan, eso sí, que la automatización de servicios públicos suscite tantas reservas entre la población de economías avanzadas, como Estados Unidos y Europa.

Si bien no habrá soluciones rápidas, en la próxima década, las economías más avanzadas deben asumir la transformación de muchos de sus sistemas centrales de energía, transporte, agricultura o industria, para afrontar las presiones competitivas, ambientales, demográficas, financieras y de aprendizaje que ya se vislumbran. Hay tanto trabajo por hacer que, sin una mejora considerable de la productividad del sector público y privado, la escasez de mano de obra y la carestía de habilidades y recursos pondrá en cuestión las bases del futuro crecimiento.

Por ello, y en opinión de este foro de expertos, muchas de las iniciativas digitales actuales solo lograrán sus objetivos si se afronta una transformación de sectores productivos completos o de muy grandes organizaciones, y ello requerirá cambios complejos en la forma en que operan las empresas del sector público y privado en todo el mundo.

Para superar la inercia de hoy y acelerar el cambio en la próxima década, el informe considera imperativo que los gobiernos decidan abordar este enorme reto que sólo podrá materializarse, si existe el marco normativo que lo regule y la iniciativa política que lo lidere.

De su análisis se desprende un triple desafío que implica:

Reconocer que gobiernos y dirigentes públicos son esenciales para favorecer la modernización de los servicios que prestan a los ciudadanos, en áreas tales como registros digitales de atención médica, redes inteligentes de alumbrado, servicios de seguridad, sistemas de identificación y autenticación fiables, servicios de pago de impuestos por diferentes canales…, y en la aplicación de las leyes más innovadoras en cuanto a la seguridad de los trámites realizados entre ciudadanos y organismos públicos.

Apoyar la transformación de las empresas tradicionales, en algunos casos con muchas décadas de historia, incluidas las empresas públicas y los sectores satélite, asegurando que las leyes, normas, reglamentos, incentivos, responsabilidades, actitudes políticas y habilidades de los trabajadores no actúen como barrera a los cambios necesarios.

Y observar en todo el mundo dónde están surgiendo plataformas sociales innovadoras que fomenten el aprendizaje y la compartición de experiencias, de modo que se acelere su ritmo de adopción.

En este último aspecto, hay que tener en cuenta que este tipo de iniciativas de carácter social suelen tener como prioridad los países más pequeños o desfavorecidos del planeta, lo que supone una excelente oportunidad de incluir a estas zonas en proyectos que mejoren el acceso y aprovechamiento de los recursos públicos que, en su caso, resultan más que escasos.