Aunque seguimos en una fase incipiente de desescalada y aún queda tiempo para que volvamos a la normalidad, podemos hacer balance de la situación hasta ahora y constatar que la mayoría de los responsables corporativos, con el apoyo de sus directores de TI, han reaccionado a cada fase de este proceso de la siguiente forma:

  • Tanto para las PYMES como para las multinacionales, la primera fase de respuesta táctica consistió en proteger a sus equipos –por medio del teletrabajo- y la sostenibilidad de la propia empresa, asegurando un servicio mínimo, lo que suponía un respiro fundamental para el comercio minorista y el sector sanitario.
  • La segunda fase es la de la anticipación. Incluye la creación de escenarios y la elaboración de planes de acción que permitan prepararse para todo tipo de eventualidades, incluso las más improbables.
  • La tercera fase, el despliegue, es finalmente un período crucial en el que se ofrecen nuevos servicios y productos a los clientes, cuyas necesidades y expectativas, así como hábitos y medios financieros, se han visto afectados.

Como Marisa Felipe y Vinod Seetharaman  dejan claro en sus respectivos artículos de THRIVE, la tecnología es decisiva en estos tres momentos clave. Pero las soluciones digitales que funcionaban antes de COVID pueden no hacerlo necesariamente ahora, ya que las circunstancias generales han cambiado, como consecuencia de la epidemia,

Por ejemplo, la gestión de la cadena de suministro mundial se va a replantear, para orientarse más hacia una dimensión nacional. También es previsible que la robotización, que facilita el distanciamiento social en el puesto de trabajo, aumente significativamente. Del mismo modo, las soluciones de gestión de movilidad segura y comercio electrónico encontrarán nuevos seguidores.

A través de los proyectos en los que he tenido la oportunidad de participar con mis clientes este año, es evidente que la reflexión sobre estos cambios ha comenzado, a partir de abril de 2020, tanto por parte de los compradores como de los proveedores.

Esta reflexión se complica por el hecho de que cada sector, o incluso cada agente económico, trazará su propio camino para el futuro, en función de sus fragilidades, o de los éxitos obtenidos durante la pandemia.

Una empresa farmacéutica centrada en la búsqueda de la vacuna contra COVID-19 no tendrá las mismas prioridades que una compañía aérea sacudida por las turbulencias de su sector.

Pero está claro que el escenario ha cambiado radicalmente, que hay que reaccionar muy rápido y que la mejor forma de responder es colaborar entre todos para encontrar las soluciones digitales con las que afrontar el futuro.