Hace ya casi 20 años del brote de SARS, una crisis sanitaria que concluyó con 8.098 casos y 774 muertes, el mayor número de ellos en China y otros países asiáticos. Veinte años de innovación tecnológica es bastante tiempo, y aunque la escala de la epidemia de SARS fue mucho menor que a lo que nos enfrentamos hoy día con la pandemia del COVID-19, vale la pena reflexionar sobre el progreso tecnológico que hemos logrado.

Rapidez y abundancia de datos

 Las capacidades tecnológicas se han convertido en un elemento clave para el sector de la salud. Después del brote de SARS en 2003, la comunidad científica necesitó 20 meses para comenzar los ensayos clínicos de la vacuna, mientras que los ensayos clínicos para el COVID-19 ya han comenzado.

Hay dos aspectos relativos a la tecnología disponible hoy día que explican la reducción de estos plazos. Por un lado, el intercambio de datos para el COVID-19 ha sido rápido y en gran volumen, gracias al aumento de los servidores para la publicación de “preprints” antes de la revisión por pares.  Por otro lado, el descifrado genético es hoy día significativamente mucho más rápido, gracias al avance tecnológico en la gestión de datos genéricos, lo que también permitirá acelerar el desarrollo de una vacuna.

Análisis en tiempo real

La Organización Mundial de la Salud plantea la realización de un ensayo clínico global, en el que se probarán en paralelo la eficacia de varios tratamientos con el objetivo de encontrar el más eficaz, a la mayor brevedad posible. Las capacidades tecnológicas de 2020 permiten recoger en tiempo real la información de los pacientes que están participando en los ensayos clínicos, y realizar un análisis comparativo de los mismos, lo que agiliza el proceso para obtener respuestas a preguntas clave para la identificación de los tratamientos más eficaces para diferentes casuísticas.

Más colaboración y conocimiento integrado

Además, las capacidades tecnológicas avanzadas permiten agilizar los procesos asistenciales. Es posible definir e implementar procesos homogéneos y automáticos para identificar qué pacientes requieren ser llevados a la UCI, con la automatización de escalas basadas en la experiencia, así como la generación de alertas. Igualmente, usando algoritmos de inteligencia artificial, se puede obtener información en tiempo real que ayude a la planificación operativa y clínica, como la evolución de los pacientes por tipo de tratamiento, qué tratamiento reduce la estancia hospitalaria y/o evita/reduce el uso de las UCIs. En el pasado, gran parte de estos datos médicos residían en sistemas separados y no estaban disponibles para el análisis. Hoy, gracias a la inteligencia artificial y el machine learning, podemos analizar estos datos dispares e identificar patrones que ayudan a gestionar el brote de COVID-19.

Automatización

 Los robots suponen también un avance para acelerar la gestión de la pandemia ya que ayudan a reducir el riesgo de contagio entre los profesionales sanitarios. Existen robots con cámaras y sensores de temperatura para controlar la fiebre de los pacientes, dentro y fuera del centro sanitario, identificar ciudadanos con probabilidad de tener la enfermedad y acelerar los procesos de triaje. Esos robots pueden tomar las muestras necesarias para los análisis, y conectarse a los sistemas de información para, por ejemplo, actualizar la historia clínica, y generar estadísticas sobre el porcentaje de ciudadanos que pueden estar contagiados.

Las nuevas aplicaciones permiten descargar los call centers ya que los Chatbots pueden proporcionar al ciudadano información sobre la enfermedad, facilitar consejos sobre cómo prevenirla, y dar soporte al triaje de aquellos ciudadanos que consideran que presentan síntomas de la enfermedad. Si se detecta que el ciudadano puede estar contagiado, un profesional sanitario se puede poner en contacto con él / ella, vía chat o plataforma de teleconferencia, para obtener más información, dar indicaciones sobre las acciones a llevar a cabo, así como hacer seguimiento remoto para los pacientes que permanecen en casa. De hecho, ya se están utilizando plataformas de teleconferencia que permiten a los médicos realizar consultas virtuales desde sus casas.