En estos tiempos de distanciamiento social, el espacio para las relaciones digitales aparece aún más claro. Y los métodos de pago son un gran ejemplo. Desde hace algún tiempo, el pago de honorarios profesionales ha estado sujeto a tres fuerzas poderosas: la evolución de la experiencia del usuario como individuo, la evolución tecnológica aplicada a estas operaciones y la aparición de nuevas formas de intercambios económicos, personales y profesionales.

Los pagos profesionales están evolucionando hacia estas prácticas y se benefician de las nuevas herramientas de administración, o plataformas interconectadas, que permiten que múltiples fuentes de información se concentren en el mismo entorno de gestión. Los sistemas multiformato centralizados permiten, por ejemplo, pasar de pagos simples a la gestión de recibos que, previamente escaneados, se integran y gestionan.

La inteligencia artificial se puede aplicar en muchas capas de servicios y enriquecer la cadena de valor, con proveedores que emergen todos los días para especializarse en ciertos nichos de mercado. Esto abre a las empresas a un ecosistema más rico y diverso de proveedores de pagos digitales.

Este mercado se está estructurando, y evolucionando muy rápidamente. Las tarjetas de pago corporativas, por ejemplo, ahora son ofrecidas por nuevos bancos, fintechs y otros actores, que añaden características y ventajas muy innovadoras, tanto para realizar pagos como para gestionar gastos, acceder a crédito instantáneo y, en última instancia, optimizar toda la gestión de los gastos profesionales. Ahora está claro que la cadena de valor no consistirá en un único proveedor, con una oferta monolítica, sino en el montaje y la yuxtaposición de ofertas complementarias de players especializados. Esto crea un nuevo ecosistema basado en una cadena de valor fragmentada y mejor.

Los servicios empresariales se enriquecen en muchos aspectos, con las ofertas de “neobancos”. Por ejemplo, para acceder a métodos y servicios de pago innovadores, al poder abrir una cuenta en solo unos minutos, a través de un teléfono inteligente o la web, o al administrar sus pagos de manera flexible, o al acceder a servicios bancarios y a métodos de pago impensables no hace mucho tiempo.

Este nuevo entorno de pagos digitales ya se estima en la zona euro en alrededor de 100.000 millones, y países como Suecia se están preparando para suprimir los pagos en efectivo, lo que demuestra la inminencia de un desafío que supera las barreras del mundo financiero y afecta a todo tipo de organizaciones o individuos, y especialmente a empresas, que pueden emplearlos para el pago de honorarios profesionales.

Para empezar, las empresas deben asumir el desafío de actualizar su infraestructura de TI, al tiempo que integran las últimas tecnologías, con sistemas muy robustos y seguros. Uno de los elementos esenciales será, en particular, tener una tecnología de autenticación de dos factores muy robusta, y que agregue un segundo elemento a las contraseñas, como el reconocimiento facial, de huella digital o de voz.

Si bien es cierto que el ecosistema de pagos Corporate todavía está en construcción, y que muchas empresas tienen que avanzar hacia un modelo incipiente, también es indiscutible que el ecosistema está en plena agitación y que las organizaciones que deseen abordar esta transición deberían optar por arquitecturas de TI abiertas, que no dependan estrictamente de un proveedor tecnológico, y les permitan abordar y gestionar la complejidad que, a partir de ahora, será esencial para operar con más protagonistas que actúan en este escenario.