Hablar de movilidad puede parecer un tema ya conocido, del que muchos pueden considerarse expertos en el uso de telefonía celular, de correo electrónico móvil y en el constante contacto con con colegas de trabajo, familiares y amigos. La ubicuidad de la informática viene rondando desde 1985, pero a día de hoy, seguimos avanzando en la integración de tecnologías emergentes, como Internet de las Cosas (IoT), para hacer posible que cualquier objeto tangible pueda incluir o convertirse en un ordenador.

Todo apunta a que la movilidad debe extenderse a un nivel más amplio. La posibilidad de movilizar información y tareas realizadas por dispositivos físicos y aplicaciones permite materializar ideas que fueron visionarias en el pasado, pero que hoy son una realidad en nuestro trabajo (como se recoge implícitamente en las tendencias tecnológicas 2020, en lo referente a colaboración y ecosistemas de datos).

En este año 2020 que vivimos vertiginosamente, se manifiesta aún más la extraordinaria urgencia de revisar las perspectivas inmediatas y a largo plazo de las empresas, en materia de movilidad y colaboración, y nos obliga a volver a plantear las ideas más innovadoras para navegar en las turbulentas aguas que nos han tocado vivir.

En cuanto a las necesidades inmediatas, resulta evidente que están relacionadas con el trabajo remoto y en la capacidad de los empleados para acceder a la información y a los sistemas de la empresa y, de este modo, desempeñar sus tareas a distancia. Este despliegue debe realizarse de forma rápida y segura, y al mismo tiempo abrir la puerta a nuevas maneras de trabajar, de conectarse y colaborar. Otra exigencia también inmediata tiene que ver con la continuidad del negocio y las capacidades de la infraestructura, que es muy probable que deban aumentar de manera elástica, durante determinados periodos de tiempo.

Entre las necesidades a largo plazo, una vez que sea subsanen las inmediatas, será preciso que las infraestructuras sean resistentes a las eventualidades que sufra el negocio y mantener su operativa (que pueden involucrar nuevas formas de trabajar, adopción de nuevas plataformas, cambios de procesos, etc.), pero seguramente con mayores ahorros y eficiencias de coste, y siendo capaz de absorber el crecimiento futuro.

Es muy probable que las empresas se den cuenta de la importancia de modernizar las aplicaciones y procesos que, durante un momento de emergencia o contingencia, no fueron ágiles para adaptarse a estas nuevas condiciones de trabajo, o que restringieron la movilidad de sus empleados y perjudicaron su operativa.

Por eso, creo interesante compartir cuatro recomendaciones que las empresas deberían implementar inmediatamente o servir de inspiración, al menos:

  • Prestar mayor apoyo a los empleados remotos. Los profesionales menos acostumbrados al trabajo remoto suelen requerir soporte tecnológico adicional. Gracias a los servicios Cloud, es posible ofrecerles ayuda, mediante soluciones de telefonía como Agile Service Desk.
  • Integrar los dispositivos que utilizan en casa a la red corporativa. En situaciones de emergencia, la fuerza laboral móvil debe apoyarse en una infraestructura corporativa robusta. El problema es el aprovisionamiento de dispositivos corporativos (portátil, móvil o tablet) que puede tardar varios días o semanas. La modalidad llamada dispositivo como servicio (DaaS) permite al empleado integrar su propio dispositivo personal (BYOD) y administrar los accesos de manera segura, gracias a este tipo de servicios.
  • Escritorios virtuales y servicios de aplicación. Los usuarios remotos seguirán necesitando acceso a sistemas corporativos que pueden estar, o no, habilitados para su acceso remoto. En lugar de incrementar los accesos, mediante redes virtuales privadas (VPN), la nube permite implementar Aplicaciones y Escritorios Virtuales (VDA), facilitando que los empleados accedan a los sistemas que necesitan en su operativa, pero desde su dispositivo, y a través de cualquier acceso a Internet.
  • Guiado a través de realidad aumentada. Existirán situaciones en las que el soporte no pueda prestarse desde un servicio de soporte, porque exija presencia física, experiencia técnica avanzada o simplemente ver el problema para poder resolverlo. Incluso, es posible que requiera la presencia de un ingeniero para calibrar una pieza o ajustar algún componente. La realidad aumentada permite que los ingenieros no deban desplazarse y puedan atender situaciones en distintos lugares, incluso interactuar con el personal en remoto y no solo vía voz, sino que pueda ver exactamente lo que está presenciando el operario móvil e indicarle qué pieza hay que ajustar, compartir con él documentos o guiarle paso a paso.

 

Es muy probable que, después de la tempestad, las organizaciones se replanteen su operativa, a partir de los problemas que encontraron, y decidan prepararse mejor para afrontar una situación similar en el futuro. Y, entre los temas que seguramente discutan, destacará la modernización de sus aplicaciones, la capacidad de su infraestructura con el apoyo de la nube, y la movilidad eficaz de sus trabajadores.