Si bien hay grandes avances en el campo de la inteligencia artificial, que ya están generando un impacto medioambiental positivo, su potencial resulta aún muy superior a sus primeros resultados. Incluso, se alzan voces que alertan de su influencia negativa en cuanto a emisiones de CO2 que exige la potencia gráfica de las tecnologías de aprendizaje automático. Lo cierto es que nadie duda de sus posibilidades para predecir el clima, adelantarse a fenómenos meteorológicos y detectar patrones, como demuestran varios proyectos ya en marcha. En momentos que el medioambiente se convierte en tema de actualidad en todo el mundo, las innovaciones que ayuden a proteger nuestro planeta ganan peso.

La opinión mayoritaria es que la IA abre enormes oportunidades para mejorar el clima a largo plazo. No obstante, sus resultados todavía son incipientes en cuanto a mejorar el futuro y sostenibilidad del planeta. Más allá del programa “AI for Earth” de Microsoft, lanzado en 2017 para crear 200 becas de investigación por valor de 50 millones de dólares, destinados a proyectos que utilicen inteligencia artificial para abordar el daño ambiental, no existen demasiadas iniciativas similares.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Alabama trabaja también en un sistema de IA que puede detectar y notificar a las autoridades casos de floración  de algas que dañan ciertos ecosistemas de agua dulce en todo el planeta.  Además, la inteligencia artificial ya ha servido para avanzar en la predicción de patrones de clima y, por extensión, contribuir al estudio del cambio climático a gran escala, hasta generar 30 modelos climáticos que utiliza Naciones Unidas, en áreas concretas del planeta.

Lo cierto es que su potencial es enorme en el entorno de la climatología. Debería ayudar a predecir catástrofes naturales y trazar modelos que permitan reaccionar antes y evacuar, por ejemplo, zonas del planeta expuestas a tifones o terremotos. Bien es cierto que no hay ningún modelo individual que pueda predecir estos eventos con exactitud, pero se ha avanzado tanto en la reducción del margen de error que ya es posible alcanzar hasta un 99% de precisión en la predicción de patrones climáticos complejos, como ciclones tropicales, frentes climáticos o corrientes atmosféricas.

Según un artículo publicado por el Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, los agricultores de la India ya utilizan sistemas de IA para obtener un rendimiento de cultivo de maíz superior al 30%, con técnicas que les ayudan a trazar un mapa de su terreno, que luego se utiliza para determinar el mejor momento para la siembra o la cosecha. En este mismo reportaje, se destaca que Noruega ha empleado IA para ayudar a aumentar el uso de energías renovable, como parte de una red eléctrica automatizada. El sistema, basado en AI, puede determinar cuándo es mejor utilizar fuentes de energía renovables, y así mejorar la sostenibilidad del sistema y evitar cortes de energía.

Si las personas de todo el mundo tuvieran sistemas eléctricos autónomos y una IA muy precisa, que predijera el mejor uso de los recursos ambientales para la agricultura, las tasas de producción aumentarían y el consumo global se reduciría, concluye el citado artículo. Obviamente, la integración de programas de IA tan complicados en todo el planeta es una tarea enorme, pero ya se está avanzando en esta línea.

Alerta del Foro Económico Mundial

A pesar de este enorme potencial de la inteligencia artificial, algunas voces se están alzando contra el impacto nocivo que la inteligencia artificial puede acarrear al planeta. En concreto, el Foro Económico Mundial ha publicado un informe que menciona el alto consumo de energía de las unidades de proceso gráfico, necesarias en tareas de aprendizaje automático, y ya se ha calculado que la capacitación de un solo patrón de aprendizaje puede tener un impacto equiparable a 300.000 kilogramos de emisiones de CO2.

En su estudio, esta fundación sin ánimo de lucro que reúne anualmente a los principales protagonistas económicos del planeta en Davos, sostiene que deben buscarse avances hacia una “IA segura”, que no impacte negativamente al medio ambiente y que éste sea un criterio fundamental en los futuros desarrollos tecnológicos.

Teniendo en cuenta que los recursos del planeta son limitados, y en muchos sentidos están sobreexplotados, parece razonable que cualquier innovación, también en el ámbito de la inteligencia artificial, tenga en cuenta sus implicaciones medioambientales.