¿Por qué será recordado 2019 en el futuro? Probablemente una de las mayores noticias que incluso ha traspasado la esfera tecnológica ha estado en el del veto que impuso de manera temporal Estados Unidos a algunas empresas chinas, como Huawei y que afectó también de manera colateral a otras empresas y mercados.

Pero, mirando en positivo, este años hemos asistido a importantes avances en lo que se puede llegar a ser una nueva era y revolución, la de los ordenadores cuánticos. Y hemos recibido la buena noticia de que España pasará a ser uno de los siete nodos de Amazon Web Services a nivel mundial, lo que dejará 2.500 millones de inversión en Aragón.

La Unión Europea también ha querido reforzar la seguridad de los pagos por Internet y, aunque finalmente se ha dado una moratoria para que los negocios puedan adaptarse, la normativa PSD2 se estrenaba en septiembre para garantizar aún más las transacciones que hacemos por la red.

Hablando de seguridad, casi todos los organismos han mostrado su preocupación por el auge de las fake news o noticias falsas, que se vuelve altamente virales en redes sociales. Y en las últimas semanas hayamos comprobado cómo la tecnología está permitiendo la generación de vídeos falsos o Deep fake en los que puede llegar a ser muy fácil confundir ficción con realidad.

Durante estos meses también se ha debatido, tanto a nivel local como europeo, si determinado tipo de empresas deben pagar más impuestos en cada país (lo que hemos denominado Tasa Googleo o digital) o si deberían armonizarse este nuevo impuesto a nivel europeo.

Si observamos con detenimiento, hay algo en común en todas estas noticias: las bases tecnológicas. Los datos, la nube y la Inteligencia Artificial subyacen en todo lo que ha acontecido estos meses. Tres vértices, que muchas veces no se entienden de forma aislada y que han vuelto a ser la base de buena parte de lo que ha ocurrido a lo largo de estos últimos meses en la industria de las Tecnologías de la Información.

Datos, porque cada día generamos un mayor volumen de información. Según cálculos del Fondo Económico Mundial, cada día se envían 500 millones de tuits, se suben 350 millones de fotos en Facebook y se envían 294.000 millones de correos electrónicos y 65.000 millones de mensajes vía Whatsapp. Los usuarios hacemos 3.500 millones de búsquedas en Google y creamos 28 PB de datos con nuestros wearables. Pero, además, ya se ve que los coches conectados producen 4 TB de información.

Cuando estos coches ya no sean solo conectados sino que sean capaces de conducir de manera autónoma, la cantidad de información que generarán y que deberán procesar, en tiempo real, será ostensiblemente más amplia. Los sistemas tecnológicos que están detrás de estos avances están ya en marcha. Deben simplificar el proceso de análisis de todo este volumen de datos y en tiempo real, para responder conforme los vehículos vayan por las carreteras, como están haciendo ya algunas marcas como BMW.

Gran parte de toda esta información que los coches generarán y utilizarán estará en la nube. Independientemente de que sea pública, privada, híbrida, que esté en los bordes (Edge Computing) o en la niebla (Fog Computing), los sistemas, los aplicativos y la infraestructura tiene que garantizar la compatibilidad con todos los proveedores y procesos que ocurren en la nube. Por eso, no solo hay que facilitar la migración de los clientes a la nube sino que los proveedores debemos garantizar que las empresas de todas las industrias tienen plataformas digitales seguras, escalables y ágiles para poder realizar este análisis de los datos.

Un año, pues, muy intenso que nos abre las puertas a uno que esperemos sea aún mejor y cargado de buenas noticias, tan bien para el sector.