Los tiempos del Retail infunden un total optimismo. La capacidad de compra del consumidor recuperada y, sobre todo, el motor del comercio online (con un incansable ritmo de dos dígitos anuales que, según Ecommerce Foundation, llevará sus cifras desde los 2,1 billones de dólares hasta los 9,5 billones de la misma moneda, en 2025), marcan un frenético ritmo al alza para el conjunto del sector.  No obstante, la presión del negocio es muy alta, en general, derivada de factores como la gestión de la última milla, los afilados picos de demanda, las heterogéneas redes de distribución o las cada vez más frecuentes devoluciones. La tecnología marca hoy, y lo hará más en el futuro, la diferencia en este hipercompetitivo terreno, donde se pueden lograr interesantes ganancias o quedar borrado del mapa en pocos meses.

Atrás quedaron los días en que vendedores y marcas podían sobrevivir simplemente con estrategias personales de segmentación manual de clientes, dirigidas a grupos de compradores concretos, pero con los mismos productos. Sin personalizar.

La realidad actual es muy distinta y el comprador evoluciona tan rápido que estos modelos de predicción han quedado obsoletos, así como la división de canales clásica o la fiabilidad de una única vía de ingresos, la presencial. Hoy es necesario ofrecer experiencias de compra, únicas y completas en todos los canales, y con el potencial de poder escalar indefinidamente. Y solo una solución de personalización basada en IA puede lograrlo.

Este traje a medida evita a los proveedores la tediosa y lenta tarea de crear reglas promocionales fragmentadas por semanas, que además son una ruina para el comercio. En cambio, pueden invertir su tiempo en producir descripciones y clasificaciones de productos, elegir y probar variantes y dejar que la IA decida qué es lo mejor para el comprador, en función de los intereses personales, interacciones previas y análisis de sus clics. En definitiva, liberarles tiempo para aportar más valor al comercio electrónico.

Por ejemplo, podrán analizar datos históricos de ventas e identificar tendencias para determinados productos, saber qué compran los clientes y para quién, o detectar cualquier cambio en el comportamiento del consumidor, para trazar un plan que mejore los resultados.

Quizás por eso, los informes de analistas estiman que esta tecnología aplicada a la práctica comercial mantendrá un incremento anual del 35%, desde ahora hasta 2024. Incluso, se apunta que la IA agilizará las tareas de marketing, comercio electrónico, gestión de productos y otras áreas del negocio Retail.

También se espera que otras innovaciones, como el aprendizaje automático y profundo, ganen protagonismo en el futuro próximo, sobre todo a la hora de ofrecer una experiencia más personalizada a los usuarios finales, así como un entorno más avanzado e interactivo donde puedan participar de forma más activa.

Lo que sí parece claro es que el uso de la inteligencia artificial en el comercio minorista debe abarcar todos los aspectos de su operativa. Ya sea optimizar la cadena de suministro, usar los datos existentes para aumentar la conversión o personalizar las experiencias de compra, con un modelado predictivo y micro-focalización, optimizar sus espacios comerciales, plantilla y espacio de almacén, por citar solo algunos ejemplos.

Llegado el caso, podría aplicarse también a la fijación de los precios, en función de diferentes variables; cliente, temporada, fidelización…. Con sus algoritmos, es posible adelantarse a los temidos picos de demanda, optimizando costes y ROI de forma directa, mejorando su eficiencia, con una orientación más clara hacia los datos, elevando su nivel de análisis y sofisticación.

Para ello, ya hay varias alternativas de software, servicios y aplicaciones que enlazan incluso con la cadena de suministro y los operadores logísticos, para que el cliente pueda navegar por tiendas virtuales y encontrar el producto que busca, a la vez que  los proveedores gestionan mejor su inventario y estrechan sus relaciones con los clientes y proveedores, primer paso para lograr la ansiada fidelidad de todos ellos.

Y todo, con soluciones que pueden ser integradas en la nube o en los propios Data Center de las marcas, en función de las necesidades, recursos y planes de futuro de cada proveedor, pero que están disponibles para brindar a los clientes una experiencia única y personal, cada vez más íntima con ellos, y productiva para el negocio.