Hasta ahora, la mayoría de las iniciativas sanitarias de IoT giraba en torno a la mejora de la atención médica como tal, con el seguimiento y control remoto de pacientes, como aplicación principal. Sin embargo, ya comienzan a surgir otros proyectos centrados en el control de dispositivos y activos sanitarios, ya sean médicos o no (por ejemplo, los bienes inmuebles, instalaciones sanitarias y hospitales).

El 60% de las entidades sanitarias a escala mundial ya ha introducido dispositivos de IoT en sus instalaciones, según estimaciones de Aruba Networks. Si bien es cierto que EEUU es un líder destacado en este campo, otras regiones del planeta también están virando sus intereses hacia estas tecnologías, para ofrecer mayor y mejor asistencia sanitaria a la población,  a partir de la ubicuidad de la información.

Desde las píldoras “inteligentes”, a la atención domiciliaria avanzada o los sistemas de salud en tiempo real  (RTHS), una atención médica más personal, con robótica, biosensores, camas inteligentes, y todo tipo de actividades y tratamientos personalizados y a distancia, se está empezando a generar.

En concreto, se estima que la inversión total en tecnologías de la información en el sector sanitario europeo alcanzará los 18.470 millones de euros en 2022, lo que supondrá un aumento del 2,6% anual, según datos de IDC Research.

Al final, se trata de mucho más que una simple cuestión de costes, de mejorar la atención de los pacientes, en todo momento y lugar, y de optimizar las labores de los profesionales médicos que, de otro modo, no podrían llegar a algunos pacientes, por encontrarse en zonas remotas o de difícil acceso.

En algunos países, la falta de fondos, y como resultado la escasez de trabajadores de la salud, específicamente en y después de las temporadas donde ocurren más enfermedades, es un desastre recurrente. La monitorización sanitaria, que facilitan las tecnologías de Internet de las cosas, resulta aquí fundamental, especialmente por el aumento de las enfermedades crónicas, entre otras cosas debido al envejecimiento de la población.

Existe una amplia gama de wearables y biosensores (especializados), junto con otros dispositivos médicos, disponibles en la actualidad que permiten el monitoreo remoto de la salud. Su extensión no sólo puede salvar vidas, además ofrece un apoyo inestimable, a la hora de  detectar patrones, aprovechando los datos procedentes  de dispositivos portátiles o móviles.

Nuevos actores

También comienza a ser frecuente la irrupción de nuevos actores, muy centrados en tecnologías de última generación que son además muy intensivos en el desarrollo de novedosos servicios digitales.

Es el caso de ZocDoc, plataforma de compromiso sanitario que permite a los pacientes programar citas con médicos especialistas de su elección,  American Well, que ofrece bajo demanda virtual cuidados sanitarios en cualquier momento y lugar vía dispositivo móviles y videollamada, o de UberHEALTH que proporciona paquetes de bienestar y vacunas contra la gripe a domicilio, y de alguna app de salud como la de Apple, que permite a los usuarios realizar el autocontrol de su estado físico, registrando las constantes médicas en el propio móvil.

Fuera de este ámbito, hay un gran crecimiento por delante en un contexto más industrial de Internet de las Cosas, en el que los proveedores de atención médica, como hospitales, lo combinen con aplicaciones y tecnologías en el campo de la robótica, la inteligencia artificial y el Big Data.

Estos primeros ejemplos de aplicación serán mucho más numerosos en los próximos dos años, como adelantan algunos consultores, y se espera un fuerte aumento de la oferta y la demanda de estas tecnologías hasta 2022, convirtiéndose Internet de las Cosas en un elemento clave en la evolución digital de la industria sanitaria y de atención médica.

Incluso, la combinación de Internet de las Cosas con Inteligencia Artificial abrirá todo un nuevo campo para la asistencia sanitaria remota, capaz de prestar un tratamiento más personalizado y adecuado a cada paciente, en el momento y lugar que lo precisen, mejorando por un lado su satisfacción y, por otro, la eficiencia de las entidades sanitarias.