No hay un solo día de la semana en el que no haya un foro tecnológico o económico en torno a la Transformación Digital que, por repetitiva, comienza a ser una expresión algo desacreditada, como ya deslizan muchos analistas. En su opinión, el término se está contaminando de eslóganes comerciales y mensajes de marketing que lo banalizan, cuando se trata de un aspecto nuclear para las organizaciones de nuestro tiempo. De hecho, las encuestas detectan que se trata de un aspecto de preocupación para la mayoría de los CIOs.

Así lo reconoce ya el 90% de los directivos europeos: la TD es la gran prioridad de sus estrategias de negocio. Eso sí, su enfoque se aleja del vaporware tecnológico para centrarse en las oportunidades de negocio que les ofrece, incluso en las amenazas que no abordarla puede acarrear a su organización en el futuro.

Se trata de un enfoque mucho más práctico que teórico, y desde luego más terrenal, de los planes y proyectos de transformación digital. Lo que realmente preocupa es el impacto económico de esta 4ª revolución.

Por eso, comienzan a abundar proyectos concretos que aterrizan el concepto a escenarios reales de actividad. Sus objetivos son más ambiciosos y tratan de reinventar completamente el modelo de negocio, y la relación entre personas y procesos, para ingresar en este nuevo ecosistema económico.

De hecho, los expertos en la materia observan una fuerte correlación entre convertirse en una organización digital e impulsar tanto los ingresos como la rentabilidad, dejando a los rezagados en el vagón de los que retroceden económicamente (o desaparecen). Aunque no se trata de un proceso simple ni rápido, lo indiscutible es que resulta inevitable, coincide la mayoría.

Especialistas, como la consultora IDC, llegan a fechar en 2029 el momento en el que el común de los negocios habrá completado la digitalización de todos sus procesos. Para ser más exactos, considera que el 75% de las organizaciones ya estará “transformada” totalmente en esa fecha.

En España

Más allá de que la TD suponga una suculenta parte del PIB español (cifrada en 231.000 millones de dólares en total, casi un 20% de la riqueza actual del país), las estimaciones más generales confirman que asistimos a la generalización de este proceso de disrupción digital, en la inmensa mayoría de las empresas actuales.

Este tipo de cuestiones forman parte ya de las discusiones de los Consejos de Administración y, en España concretamente, vive momentos de efervescencia, como ha quedado claro en el DigitalES Summit 2019 que ha organizado la patronal de las empresas tecnológicas españolas, bajo el lema “Technology is the new rock&roll”.

En opinión de la Ministra de Economía, que inauguró el encuentro ante los principales empresarios y directivos españoles, “la transformación digital es ese futuro que ya está sucediendo, nos atrevamos a mirarlo o no, y que involucra a toda la sociedad: ciudadanos, empresas, inversores e instituciones”.

Pero lo cierto es que las cifras indican que las empresas españolas aún se encuentran en una fase incipiente de su Transformación Digital y, como corroboran los expertos de la Cámara de Comercio española, “si bien 9 de cada 10 empresas declaran estar dispuestas a aumentar sus presupuestos en inversión tecnológica y formación, para afrontar su transformación digital, son muchas las que no saben ni por dónde comenzar, ni qué elementos tecnológicos deberían introducir”.

Pero, ¿cómo responder a esta evidente tendencia, al cambio radical de las reglas comerciales, y poner en marcha este proceso de transformación? Y, más importante, ¿cómo mejorar los resultados económicos al mismo tiempo? En resumen, ¿podemos lograr que todas las organizaciones, en especial las Pymes, se suban al barco de la digitalización de los negocios, y obtengan el beneficio económico de sus esfuerzos de transformación?

Según la opinión mayoritaria, para llegar ahí, la Transformación Digital debe concluir con tres consecuencias clave; la excelencia en el servicio prestado al cliente, la eficiencia operativa y la productividad de los empleados. También aclaran los especialistas que, a pesar de que existe una correlación entre la madurez digital y el crecimiento, reinventar todo el modelo de negocio no sucede de la noche a la mañana.

La transformación digital es un esfuerzo de varios años, y su ROI no siempre se produce a corto plazo. Un ROI que ya no se refiere tanto al retorno de la inversión y se amplía para que estas mismas siglas tomen un nuevo sentido y se traduzcan como Retorno de la Innovación.