Con la digitalización, las funcionalidades de las cosas ordinarias que nos rodean en el día a día se han multiplicado. En otras palabras; al dotar de conectividad e inteligencia (siempre asociada a la tecnología) a objetos cotidianos y al crear ecosistemas, son capaces de ofrecer oportunidades de negocio inéditas. Cuando los objetos hablan y se comunican entre sí el valor que ofrecen aumenta.

Los principales fabricantes de automóviles están apostando por la inteligencia artificial en sus propuestas de conducción autónoma, inyectando miles de millones de dólares no sólo a iniciativas de I+D, sino también a adquisiciones de compañías tecnológicas. Está claro que la industria automovilística está evolucionando hacia ahí y ya son muchas las propuestas que reman en este sentido. Los retos son infinitos y pasan por alinear los esfuerzos regulatorios con los avances tecnológicos.

La regulación

Antes de nada es importante definir la conducción autónoma como concepto y dividirlo en varios niveles: con esto nos referimos a niveles que van desde la automatización parcial, que implica la automatización (que descarta la intervención humana) de algunas funciones del coche, hasta la total, que implica la automatización de todas las funciones. Por supuesto, hay algunos niveles intermedios, como la automatización condicional o la alta automatización. Precisamente son estas dos las más populares; las que implican la automatización de la conducción en autopistas y la conducción autónoma en autopistas y zonas urbanas, respectivamente.

Una vez definido el concepto y volviendo al tema central, es fundamental que antes de que los coches autónomos sean ubicuos es importante regularlos. Y en efecto, regularlos no será tarea sencilla, pero ya se torna como una cuestión urgente. Según una investigación llevada a cabo por IHS estima que habrá 21 millones de coches autónomos en la carretera para 2035.

Los principales problemas a los que se enfrenta el mercado de coches conectados y de coches autónomos tienen que ver con la regulación y con el cumplimiento legal, además de con los retos asociados a la propia tecnología, como la gestión y la analítica de grandes cantidades de datos, la necesidad de crear un estándar, los riesgos asociados a la ciberseguridad, la gestión de colaboraciones y asociaciones, además de la aceptación social de los coches como dispositivos conectados.

La estandarización

Si nos detenemos en el aspecto de la estandarización, cabe recordar que la adopción de las primeras especificaciones en el marco de la Directiva ITS sobre transportes inteligentes llevó cinco años en la Unión Europea. Así, uno de los principales enemigos del desarrollo completo de coches autónomos es la lentitud de la coordinación y sincronización del desarrollo de la tecnología con el ritmo regulatorio.

En paralelo a los retos regulatorios viaja también la necesidad de unificar la gran variedad de plataformas que están siendo desarrolladas para el uso en vehículos. ¿Ocurrirá, nos preguntamos, algo similar a lo que sucedió en el mercado de telefonía móvil, y que se adopte un estándar para asegurar que un coche se comunique con otro independientemente del entorno? Debería. En la industria móvil los estándares se negocian entre varios players y se ofrece de forma no discriminatoria bajo licencia.

El diseño de las “entrañas”

De la mano del punto anterior, el diseño de los vehículos autónomos es otro punto a tener en cuenta. Las principales fases la hora de desarrollar un coche conectado son las de diagnóstico, sistema de mapas, entretenimiento a bordo, sistemas de cooperación (de vehículo a vehículo y de vehículo a infraestructura), analítica predictiva, capacidades de autonomía o de compartición de datos.

Cuando hablamos de autonomía completa uno de los principales retos es la creación y sobre todo el mantenimiento de los mapas de los sistemas de navegación. Una vez más, una unificación sería un interesante atajo a tomar para alcanzar el éxito de esta herramienta.

Por descontado, la tecnología de las “entrañas” de los coches autónomos debe de estar eficazmente blindada a ataques exteriores. En un futuro con carreteras dominadas por vehículos que circulan de forma autónoma, un ataque al sistema puede producir situaciones de gran riesgo con consecuencias fatales. La red de dispositivos de conducción autónoma pasa a ser una infraestructura crítica.

Por último, hay que citar los obstáculos relacionados con la climatología. Si bien no puede lucharse contra los elementos de la naturaleza, sí que se puede invertir en tecnología para predecir las condiciones climatológicas y alinearla con los sistemas de los vehículos.