La revolución en el mundo de la automoción está llegando ya de la mano de la interacción de la industria con las tecnologías de la información y la comunicación: se estima que para el año próximo el 90% de los vehículos que fabriquen tendrán conectividad de serie y existan servicios para dotar de esa conectividad a los vehículos que no la tienen de forma nativa.

En cuanto al vehículo autónomo son conocidas las iniciativas que empresas de índole tecnológica está llevando a cabo. Si bien el impacto global de estas iniciativas es limitado, en cuanto al número de unidades de dichos vehículos que pueden poner en circulación, lo cierto es que también los grandes actores del sector ya están anunciando la disponibilidad de vehículos con un alto nivel de autonomía en un periodo de menos de dos años.

Los analistas coinciden en que el despegue generalizado de esta tecnología se producirá a partir del año 2030, aunque muy probablemente antes de cinco años veremos ya algunos servicios de “robotaxi” en áreas urbanas. Para ese momento las redes 5G ya estarán razonablemente desplegadas y podrán efectivamente contribuir a la consolidación de estos servicios.

Sin embargo, antes de que todo esto se produzca, o precisamente para que todo esto llegue a materializarse, los vehículos autónomos deben ser efectivamente autónomos a todos los niveles y, por lo tanto, ni su funcionamiento ni la integridad de las personas o de las mercancías que transportan pueden quedar comprometidos por factores y recursos ajenos al propio vehículo, entre ellos, las redes de telecomunicaciones.

Partiendo de esa base, Ericsson trabaja en el desarrollo de vehículos conectados y de aplicaciones y servicios ADAS (Advanced Driver Assistance Services) es decir de servicios que, a través de las redes de telecomunicaciones, presten ayuda al conductor, ya sea humano o automático. Sin embargo, estas ayudas tan solo serán viables y eficaces cuando las redes de conexión permitan el intercambio de datos ágil, fiable y masivo entre todos los participantes en el complejo ecosistema de la circulación vial.

Son precisamente esas tres características (agilidad, fiabilidad y masificación) las que han inspirado la creación de los estándares 5G como evolución de los 4G: capilaridad de la red para comunicaciones masivas máquina a máquina (mMTC), latencia mínima para aplicaciones críticas de tiempo real (cMTC) y ancho de banda mejorado y bidireccional (eMBB). Las dos primeras van a permitir el despliegue masivo del IoT, mientras que la tercera proporcionará experiencias de usuario mejoradas en el consumo de contenidos digitales en movilidad, y son estas capacidades las que van a permitir la implementación y prestación de los servicios V2X, que se agrupan en tres tipos:

  • Vehículo-a-vehículo, para realizar maniobras complejas de forma colaborativa, como la incorporación desde vías laterales a una principal, cambios de carril, acciones inesperadas como cambios bruscos de velocidad, o para alertar de situaciones más allá de la línea de visión.
  • Vehículo-a-infraestructura, como el conocido como caso GLOSA (Green Light Optimal Speed Advice), que busca modular la velocidad de un vehículo a medida que se aproxima a un semáforo de manera que no se produzcan cambios bruscos en la velocidad del vehículo
  • Vehículo-a-persona de manera que estas últimas (u otros vehículos vulnerables como bicicletas) puedan “publicar” su situación para advertir la misma a vehículos próximos.

Para el desarrollo de todos estos servicios, Ericsson, junto con otros fabricantes de telecomunicaciones y de automóviles, defiende de forma activa en el foro 5GAA (5G Automotive Association) que el mejor camino para el despliegue masivo de los servicios V2X es el uso de las redes móviles, y que gracias a ellas los vehículos conectados podrán ser cada vez más rápidos, seguros, económicos y accesibles. Además, está trabajando para garantizar que las ofertas integrales de gestión de seguridad de estén preparadas para su labor y sean impenetrables ante las posibles amenazas.

Como se puede ver, aunque falta mucho por desarrollar, el trabajo que ya hay hecho es ingente y, sobre todo, va a permitir que las oportunidades para la industria y los consumidores se multipliquen de formas que ni siquiera podemos predecir.

El futuro despliegue de los vehículos autónomos es solo uno de los potenciales beneficios del 5G para los consumidores, refutando que existen mitos comunes de la industria que no son reales. La conducción autónoma y el desarrollo de vehículos conectados son un ejemplo más de que el 5G sí ofrecerá beneficios a corto plazo para el consumidor, de que existen casos de uso reales para el 5G, y que los smartphones no serán la única fórmula para ofrecer servicios de quinta generación.