La robotización es uno de los ejes fundamentales de la tercera revolución industrial y tecnológica en la que estamos inmersos a día de hoy. Y, como cada revolución industrial, va a afectar al mercado laboral, sobre todo, en los países desarrollados.

La irrupción de las nuevas tecnologías, la Inteligencia Artificial o la robotización están transformando las economías desarrolladas que, poco a poco, se van adaptando a este nuevo paradigma. Así, fruto de esta transformación nacen muchos interrogantes: ¿La robotización me va a quitar el empleo? ¿Va a cerrar mi fábrica? ¿Me van a reemplazar por una pantalla táctil en la recepción de mi hotel o de mi tienda?  Dichas inquietudes son legítimas y se deben tratar no solo desde un punto de vista económico sino también desde una perspectiva sociopolítica para entender, por ejemplo, el aumento de los populismos con la llegada del presidente Trump en Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil hasta el estallido de los Chalecos Amarillos en Francia.

En cuanto al mercado laboral y al empleo, analistas prevén que, dentro de veinte años, 4 de 10 empleos se verán afectados por la robotización y la automatización de ciertas tareas. En este sentido, se trata de un fenómeno que va a impactar a muchos sectores. Por poner algunos ejemplos, la robotización afectará a la industria, la automatización de la atención al cliente a través de la Inteligencia Artificial tendrá un fuerte impacto en el sector terciario o la llegada e implementación de los coches autónomos transformarán la logística.

A día de hoy, es muy difícil prever cómo será el mercado laboral dentro de diez o veinte años, pero lo que está claro es que será muy diferente al de las últimas décadas y que este cambio tecnológico es irreversible. Sin embargo, el panorama no es tan negro, ya que a lo largo de la historia ha habido revoluciones industriales que han cambiado las reglas del juego y la masa de empleos no ha cambiado; en todo caso, es la naturaleza de estos empleos lo que ha transformado el mercado laboral.

En los últimos cuarenta años la tasa de actividad se ha mantenido estable y la tasa de desempleo se ha mantenido en una media del 14%, teniendo en cuenta los ciclos económicos y las diferentes crisis, alienas a la robotización y la automatización de los empleos. De este modo, lo más probable es que la tercera revolución industrial no destruya el empleo si no que lo transforme a medio plazo.

A largo plazo, aún nadie es capaz de prever con exactitud las consecuencias del impacto tecnológico en el mercado laboral o en nuestras vidas. ¿Seguiremos trabajando? ¿Necesitaremos trabajar para producir y comprar los bienes de consumo que necesitamos? A corto y medio plazo, la pregunta es otra: ¿Cuáles serán los puestos que tenderán a desaparecer en el futuro y cuáles serán los más demandados?  ¿Cómo vamos a formar a los profesionales del futuro para ocupar dichos empleos?

En términos generales, los puestos que a priori tenderán a ser robotizados y/o automatizados serán los cargos de trabajo pocos cualificados cuyas funciones son repetitivas o los empleos de poco valor añadido a nivel económico. En otras palabras, y esquematizando una empresa tradicional, estaríamos hablando de los trabajos de recepción, atención al cliente, contabilidad, gestión administrativa, producción, Recursos Humanos o reclutamiento.  Cabe destacar que la administración pública también se verá muy afectada por los procesos de automatización. De hecho, a día de hoy, cada vez más tramites se hacen online.

En cambio, los empleos más demandados se estima que serán todos los relacionados con la parte psicológica y emocional del ser humano, así como los puestos de servicio a las personas. Aquí hablaríamos de empleos con un fuerte componente creativo, de gestión de personas o proyectos, etc.

¿Cuáles serán las aptitudes profesionales más demandas? Considero que sobre este punto hay que diferenciar entre las hard skills y las soft skills. Sobre las primeras, lo más probable es que a corto y medio plazo sean las más afectadas por la robotización y la tecnología. Se trata de las herramientas administrativas, los conocimientos en contabilidad o las aptitudes basadas en la memoria en general, pues a día de hoy ya existen potentes programas informáticos que automatizan muchas de estas funciones.  Sin embargo, las Soft Skills, es decir, todas aquellas habilidades relacionadas con la capacidad de adaptación, la creatividad, la gestión emocional, resiliencia o perseverancia tenderán a ser más que nunca muy demandadas en el mercado laboral del futuro.

En conclusión, la robotización del mercado laboral y la tecnología en general no deben suponer ni una amenaza ni una oportunidad en sí mismas. Por el contrario, el grado de su impacto en el mercado laboral y en nuestras vidas dependerá de nuestra capacidad de adaptación como sociedad a este nuevo mundo.