Las empresas estarán basadas en datos o no estarán. Este mantra es valido para todos los negocios, independientemente de su sector de actividad. E, incluso, podemos enunciarlo en presente y no en futuro.

Pero si hay un sector que siempre ha funcionado y ha estado centrado en los datos, ese ha sido el de los seguros. Las compañías de esta industria han analizado toda la información que estaba a su alcance para conocer riesgos y oportunidades, para mejorar sus primas, ofrecer mejores cuotas a sus clientes y optimizar su negocio. Uno de los mejores ejemplos lo encontramos en los seguros de coches: gracias al poder de todos estos datos, las compañías aplican el análisis de muchas variables para determinar las cuantías de sus primas y de sus pólizas. Por ejemplo, es frecuente que se cobre más a los conductores noveles, especialmente menores de 25 años, al tener menos experiencia y cometer más infracciones. Otros parámetros pueden ser el modelo, marca y color del vehículo a asegurar.

Este complejo e intenso análisis de todos los datos al alcance de las compañías también ha permitido una mayor personalización de los seguros. Siguiendo con el mismo ejemplo, todos sabemos que las compañías suelen premiar a los buenos conductores y a aquellos que presentan pocos partes, por lo que dos personas coincidentes en edad, coche y años de experiencia no tienen por qué pagar lo mismo.

Esta personalización no tiene vuelta atrás. Es más, son los propios consumidores los que demandan este tipo de servicios y esperan una experiencia de compra autodirigida y altamente personalizada. Ya no valen los seguros iguales para todos, sino que hay que hacer casi un traje a medida para cada una de nuestras necesidades en materia de seguros.

En este proceso de cambio influye el hecho de que los hábitos de consumo también están cambiando. Todos somos conscientes de que cuando adquirimos un coche debemos asegurarlo. Pero con el auge de la economía compartida, cada vez más ciudadanos optan por el car sharing para moverse, especialmente en las grandes ciudades. Puede que los usuarios no se planteen qué tipo de cobertura les asiste cuando emplean uno de estos servicios en caso de incidente, pero sí que esperan tener esa seguridad si estos hechos ocurren.

Las compañías de seguros de hoy pueden ofrecer a sus clientes y usuarios el asesoramiento para cada una de estas situaciones, proporcionar la formación y educación de todos estos cambios y efectos, así como encontrar nuevas formas de ayudar a los clientes a comprender y reducir el riesgo de que se produzca cualquier tipo de incidente (algo que, en el fondo, nos beneficia a todos). Este enfoque, además, permite que las empresas aseguradoras puedan tener unas relaciones más profundas y duraderas con los clientes, quienes valorarán también este soporte y asistencia a largo plazo.

Pero todos estos cambios no solo se producen en la parte del tomador del seguro: las propias compañías de seguro son conscientes son las primeras que están queriendo aprovecharse de todo ese poder que da la información y tomando las decisiones oportunas al respecto. El reto está en profundizar en ese análisis de la información, en obtener y recabar cuantos más datos de más fuentes posibles, con un tratamiento que elimine la paja del grano y que facilite esta transformación para llegar a los clientes con un servicio digital más personalizado, con una experiencia y una gama más amplia y flexible de productos y servicios que satisfagan las necesidades de todos los clientes.

Un buen ejemplo de estos cambios lo encontramos, por ejemplo, en el mercado de seguros de salud. Algunas asistencias premian a sus tomadores si mantienen un estilo de vida activo. Los teléfonos y los wearables son unas preciosas fuentes de ingresos con los que estas compañías pueden personalizar sus productos, comprobando efectivamente este ritmo de vida activo que puede evitar problemas de salud.

Algo que es posible ahora gracias a la cada vez mayor fuente y tipos de datos, que son analizados con nuevas y potentes herramientas avanzadas. Con cada nuevo dato estratégico, con cada nueva fuente de información y con su posterior tratamiento y análisis, la industria de los seguros tiene el poder de transformarse para aportar más valor, tanto a las compañías como a sus clientes. Ese poder transformador se aplica en todos los estamentos de las compañías aseguradoras: desde el planteamiento y desarrollo de nuevos productos para nuevas necesidades, la distribución en todos sus canales de venta, el marketing que se emplea para darlo a conocer y promocionarlo, así como la venta y post venta de todos estos servicios, tanto actuales como venideros.

Cada nueva fuente de información, cada nuevo dato ofrece a las aseguradoras la posibilidad de completar la visión de sus mercados objetivo y de sus clientes. Las aseguradoras tienen ya unas grandes bases de datos acumuladas a los que van añadiendo fuentes externas (como redes sociales o los dispositivos electrónicos personales anteriormente citados). Así es como las compañías aseguradoras van completando esta visión total y pueden comprender quiénes son sus mejores clientes, saber cuáles son sus motivaciones y expectativas, de forma que puedan responder mejor a estas necesidades.

Evidentemente, este mayor tratamiento, uso y recopilación de información conlleva que las compañías de seguros tengan que cumplir nuevas exigencias en términos de seguridad y privacidad. No hablamos solo de los datos relativos a los tomadores de los seguros, sino a garantizar la propia rentabilidad de las empresas. De hecho, la detección de fraudes y riesgos es uno de los usos más extendidos en todas las compañías aseguradoras. Y los datos, de nuevo, se asoman como clave para mejorar estos índices. Unos datos estructurados y no estructurados a los que hay que aplicar sofisticados análisis y coincidencia de patrones para poder identificar posibles fraudes lo antes posible (incluso de manera preventiva).

El reto es complejo, pero quienes sepan liderar estos movimientos no solo conseguirán fidelizar a sus actuales clientes, sino que partirán con ventaja a la hora de capturar nuevas oportunidades de crecimiento. Al final, de lo que se trata es de que las aseguradoras se replanteen cada aspecto de su negocio: su relación con clientes y socios; los productos y servicios que ofrecen, cómo llegan al mercado, la colaboración con otras empresas o la capacidad de innovar o aprovechar el poder de los ecosistemas proveedores de servicios.

La infraestructura tecnológica que sustenta todo este paradigma se antoja clave para que las aseguradoras sepan aprovechar todo el potencial de los datos que tienen a su alcance, siendo ágiles, ajustándose a este entorno cambiante y respondiendo a los nuevos escenarios.