“Si te fuiste a la cama anoche como una empresa industrial, hoy te vas a despertar como una empresa de software y analítica”. Para mí, esta declaración del CEO de GE, Jeff Immelt, capta la esencia de la transformación profunda en la que se han embarcado los fabricantes inteligentes. La globalización y la competencia feroz obliga a los clientes más exigentes a reestructurar sus industrias. Por eso, la industria inteligente conectada es la respuesta recomendada por DXC.

Smart Connected Manufacturing es nuestra manera de describir la integración total de plantas, procesos, productos y personas en todo el ecosistema. Al conectar tecnologías operativas, de información, de comunicaciones y de consumo, los fabricantes obtienen conocimientos que les permiten convertir conceptos en valor de una manera más rápida. Pero ése no es el único beneficio, sino que también se obtienen operaciones aerodinámicas, mucho más eficientes, costes reducidos y mayor velocidad para competir en el mercado. Resultados altamente apetecibles, sin duda.

La digitalización de la fabricación está omnipresente y es imparable. Tanto, que Gartner predice que, para 2020, el 70% de todos los puntos de contacto del cliente serán digitales. Los conductores emergentes también incluyen la creciente presión por la calidad del producto, la trazabilidad y la transparencia y las demandas de niveles crecientes de servicio. Incluso se estima que, para 2020, habrá cerca de 30.000 millones de dispositivos digitales “hablando entre sí”.

Las empresas que ya han emprendido el camino tratan de explotar las abundantes oportunidades que tienen por delante para simplificar el diseño, la producción y la entrega de productos al mercado a través de los medios de información mejorada. Los fabricantes de equipos originales tienen el poder de entender, e incluso de anticipar, lo que el consumidor quiere, de vender en mercados nuevos y emergentes y de llevar productos y servicios innovadores al mercado más rápido que nunca.

La prueba de ácido, por supuesto, es cómo Smart Connected Manufacturing funciona en la práctica, y los comentarios se suceden a medida que más fabricantes adoptan este enfoque. En este sentido, me gustaría compartir un gran ejemplo, en el que nos asociamos con un fabricante de automóviles de renombre nacional, National Electric Vehicles Sweden (NEVS), para construir una cadena de fabricación automatizada de extremo a extremo. Su objetivo: la producción de vehículos eléctricos de próxima generación en Suecia y China.

La cobertura integral de procesos de NEV incorpora todos los puntos de datos al sistema financiero y proporciona un control instantáneo del rendimiento del negocio. Esto facilita un seguimiento del paisaje del proceso en todo momento, por mucho que cambie. Por eso, si surge un cambio regulatorio, por ejemplo, en subsidios de vehículos eléctricos del Gobierno central o local en China, NEVS puede determinar qué impacto directo tendrá en las operaciones y la rentabilidad de inmediato para tomar las medidas apropiadas.

Otro gigante de la fabricación que actualmente cosecha los dividendos de la fabricación conectada es BAE Systems, que recurrió a DXC para que le ayudara en la integración de una compañía nuevamente adquirida. Un sistema ERP común con procesos consistentes y optimizados ha permitido a las respectivas organizaciones del Reino Unido y Suecia mejorar la satisfacción del usuario y el servicio al cliente, al tiempo que ha puesto en marcha una base de colaboración para futuros proyectos.

Ambos ejemplos demuestran que permanecer parado no es opción en nuestra actual economía digital. Por eso, aquellos que se ponen en marcha en su camino para conseguir la fabricación inteligente conectada adquieren una ventaja en el crecimiento de sus negocios. Y es que, siempre hay una manera de avanzar en las capacidades de fabricación, ya sea al principio, al final, o en cualquier punto intermedio, y para eso está DXC: para ayudar a andar ese camino.