¿A que todavía le sorprende ver anuncios en tal o cual aplicación o página web de un determinado producto que consultó recientemente? Bien, pero ¿y cuando su aseguradora le llama para ofrecerle una determinada póliza producto de algún cambio reciente en su vida? ¿Quién les avisó para que le ofrecieran esa póliza si usted no lo hizo? ¿Quién?

La respuesta está clara: la Inteligencia Artificial (IA). Una manera sencilla de averiguar y procesar datos de uno y sin necesidad de invadir ni soliviantar nuestra intimidad. Y el mundo de los seguros lo sabe. Sabe que puede ofrecer a sus clientes una información personal, flexible y asequible a partir de lo que le proporcione la IA. Y sin necesidad, repetimos, de invadir la esfera personal de nadie.

Y el mundo de los seguros se frota las manos porque gracias a la IA está en condiciones de entender mejor a sus clientes, de saber qué necesitan en todo momento y, así, ofrecerles aquello que realmente necesitan. Y con proactividad y de manera competitiva.

¿Qué ventajas le ofrece la IA al sector de los seguros? La capacidad de analizar. Por encima de todas las cosas. Y es que la tecnología posibilita ir un paso más allá en lo que se ha utilizado hasta la fecha. Como ocurre con Analytics, que de registrar transacciones de los clientes o informar sobre la cantidad de servicios que se le puede ofrecer a aquéllos se convierte en análisis avanzado cuando intervienen determinados algoritmos. Algoritmos que se dedican a buscar patrones ocultos, lo que les permite agrupar a determinados clientes. Y de dicho análisis se pasa al aprendizaje automático cuando el algoritmo mejora con la experiencia a partir de ejemplos. Es decir, aprende. Por ejemplo, a predecir qué servicios puede llegar a demandar el cliente.

Y de ahí se da el salto a la IA, cuando todas aquellas funciones son encomendadas a una máquina. Funciones que, en otros momentos, realizábamos nosotros mismos por considerarlas interesantes, útiles y, sobre todo, como un reto dada su dificultad. Porque la IA se construye a menudo a partir de algoritmos de aprendizaje automático, cuya efectividad parte de los datos de entrenamiento. Así, cuantos más datos de alta calidad existan, más inteligente será la máquina. Y sólo hay que reparar en este dato para saber lo que no espera: en 2020, y según Forbes.com, cada ser humano que habite en el planeta generará 1,7 megabytes de información nueva por segundo, aproximadamente.

¿Cuál es el siguiente paso que deben dar las aseguradoras? Crear valor a partir de los datos de que disponen. Y eso sólo se puede hacer aprovechándolos. Y aquéllas lo sabe, de ahí su apuesta por la IA.

Ahora, la siguiente pregunta: ¿qué puede ofrecer el sector de los seguros a sus clientes gracias a la Inteligencia Artificial?

  • Evitar la sangría del fraude detectando anomalías en las reclamaciones de seguros, monitorizándolas y creando patrones que indiquen un posible fraude para descubrirlo.
  • Ofrecer un servicio más personal. E IA les ofrece la oportunidad de personalizar las relaciones con sus clientes para, por ejemplo, aprender patrones de comportamiento de los conductores y, así, mejorar sus cálculos de riesgo y personalizar su estrategia de respuesta.
  • Mantener una actitud más receptiva, que requiere de un personal adecuado. Pero IA es capaz de pronosticar la demanda y, así, que la aseguradora pueda manejar los picos de solicitud de servicios, y mejorar la disponibilidad de su personal y recursos. De esta manera, si se anticipa a la demanda, puede responder de forma más rápida y satisfacer a sus clientes.

En consecuencia, IA se convierte en todo un valor diferencial para el sector de los seguros. Es decir, en algo más que una tecnología. Una tecnología que, aplicada con criterio, permitirá a las compañías de seguros competir en el mercado sabiendo en todo momento qué y cómo ofrecérselo a sus clientes.