Mucho se habla del cambio, pero, ¿qué significa realmente esta palabra? Se tiende a etiquetarla como algo bueno o malo cuando no es ni una cosa ni la otra. Sólo es cambio. O lo que es lo mismo: una puerta abierta a un nuevo desafío, a una nueva oportunidad.

El cambio siempre se teme o se anhela. Es una palabra que despierta sentimientos encontrados, que es pronunciada con viveza o recelo según quien la pronuncie y el auditorio que la escuche. Y, por lo general, está revestida de positividad o negatividad. El cambio como elemento de renovación, como manera de tirar hacia delante dejando atrás lo que no funcionó, o el cambio como la antesala de la catástrofe, como el mecanismo que desatará la peor de las tormentas posibles cuyos daños serán demoledores. El cambio.

Y el cambio no tiene por qué ser positivo ni negativo. Es simplemente eso: cambio. Se tiende demasiado a etiquetar el cambio como bueno o malo cuando basta con echar un vistazo al mundo que nos rodea para comprobar que no es así. Por ejemplo, ¿qué le pasa a una planta o a un animal cuando algo significativo cambia en su entorno? Si la variación es severa puede que asistamos a una extinción de alguna especie. Sin embargo, la historia muestra que, en la mayoría de los casos y durante algunos ciclos reproductivos, la forma de vida se adapta o desaparece. Charles Darwin no lo pudo decir mejor: “No sobrevive la especie más fuerte, sino la que se adapta mejor al cambio”. Cambio.

Por eso, todo se reduce a esa palabra. El cambio es una ley básica de la naturaleza, y más si tenemos en cuenta que la vida existe en este planeta desde hace millones de años. Siempre ha habido cambios. Entonces, ¿por qué nos cuenta tanto cambiar, por qué nos cuesta tanto dar el paso?

Traslademos el ejemplo de la planta o el de los animales a una empresa. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si una empresa de consumo decidiera seguir vendiendo el mismo producto de consumo durante décadas? Pongamos por caso discos de 5,4 pulgadas. Es cierto que existen departamentos de marketing muy buenos, pero ninguna empresa se atrevería a mantener esa estrategia.

Por lo tanto, el cambio es una necesidad. Es la vida. Todo depende de cómo respondamos ante él: a veces se nos impone y reaccionamos lo mejor que podemos; otras, somos nosotros mismos sus impulsores y es la competencia la que tiene que reaccionar.

Cambio. Como la transformación digital. Una oportunidad de generar un cambio antes de que nos sea impuesto. Porque llegará, guste o no, y las empresas tienen que adaptarse a ella tarde o temprano, y mejor siempre tomar la delante que ver la vida pasar hasta que no queda más remedio que coger el tren.

Cambio, transformación digital. De eso se encarga DXC Technology, cuyo modelo operativo, desconocido en la industria hasta el momento, propone la transformación a las empresas y ayudar a los clientes a realizar ese cambio. Una empresa de 26.000 millones de dólares volcada en acompañar a sus clientes en si viaje hacia la transformación digital. Y con todas las oportunidades que ese cambio supone. Cambio, en definitiva